Cada semestre, estudiantes de Ingeniería Civil, Geología y Arquitectura de la UTPL combinan prácticas técnicas en obras de captación de agua con reforestación de especies nativas en cuencas tributarias. Esta jornada fortalece el aprendizaje aplicado, promueve el compromiso ambiental y desarrolla habilidades de colaboración, formando profesionales íntegros orientados al desarrollo sostenible desde una experiencia integradora entre ciencia, comunidad y naturaleza.
| Cuando el aula se traslada al bosque
¿Qué pasaría si cada estudiante de ingeniería no solo aprendiera a diseñar sistemas de agua, sino que también plantara árboles que protegen las fuentes de donde proviene el agua?
Desde hace 24 años, en la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), esta pregunta dejó de ser hipotética. Cada semestre, junto con nuestros estudiantes de Ingeniería Hidráulica I y II (Ingeniería Civil), Mecánica de Fluidos(Geología) e Instalaciones Hidrosanitarias (Arquitectura), principalmente salimos del aula para vivir una experiencia única, combinando el análisis técnico de obras de captación de agua con la reforestación activa de cuencas tributarias del entorno lojano y parroquias vecinas.
Este modelo pedagógico, que integra teoría, práctica y responsabilidad social, ha transformado la forma en que formamos a nuestros futuros ingenieros. No solo aprenden a calcular las obras hidráulicas que constituyen las captaciones, sino que además aprenden a cuidar la fuente misma del recurso.
| Un problema global con raíces locales
La deforestación y la degradación de ecosistemas son dos de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI. Es conocido que la pérdida de cobertura vegetal afecta directamente la regulación hídrica, aumenta la erosión del suelo y reduce la biodiversidad. En América Latina, estas problemáticas se intensifican en zonas montañosas donde el cambio de uso del suelo presiona gravemente las cuencas altoandinas.
En Ecuador, particularmente en la región sur, las cuencas que abastecen a ciudades como Loja enfrentan una creciente presión por actividades agrícolas, expansión urbana descontrolada, tala ilegal e incluso minería informal. Como consecuencia, las fuentes de agua se ven directamente amenazadas, se deteriora la calidad del recurso hídrico y aumenta la vulnerabilidad de los sistemas de abastecimiento urbano y rural.
Es aquí donde la academia debe asumir un rol protagónico. Como plantea el proyecto “Acción, Compromiso y Sostenibilidad: Reforestación y Participación Comunitaria” (Benavides, 2024), la educación superior no puede limitarse a transmitir conocimientos técnicos, sino que debe impulsar y ejecutar acciones concretas que generen impacto social y ambiental sostenibles.
Cada semestre, estudiantes de Ingeniería Civil, Geología y Arquitectura de la UTPL combinan prácticas técnicas en obras de captación de agua con reforestación de especies nativas en cuencas tributarias. Esta jornada fortalece el aprendizaje aplicado, promueve el compromiso ambiental y desarrolla habilidades de colaboración, formando profesionales íntegros orientados al desarrollo sostenible desde una experiencia integradora entre ciencia, comunidad y naturaleza.
| Una experiencia formativa con doble propósito
Nuestra propuesta académica se basa en el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), una metodología activa que pone al estudiante en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje, como se muestra en el gráfico a continuación.
Este enfoque conecta directamente con los principios del STEM (Science, Technology, Engineering, and Mathematics), pero con una diferencia esencial: no se limita a la aplicación de fórmulas o diseños, sino que integra la responsabilidad ambiental como parte del aprendizaje. Así, el estudiante no solo resuelve problemas de ingeniería, sino que comprende su impacto en el entorno y en la comunidad.
| Del aula al campo para analizar una obra real
Como parte de las actividades de los cursos asignados al profesor, los estudiantes visitan obras reales, como la captación de El Carmen, una de las principales fuentes del sistema de abastecimiento de agua de Loja. Allí, observan y analizan estructuras como:
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- Azud vertedero con cimacio tipo Creager.
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- Rejilla lateral.
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- Desripiado.
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- Desarenador.
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- Inicio de la línea de aducción con válvula de compuerta.
Con instrumentos topográficos básicos y aplicaciones móviles, realizan el catastro hidráulico in situ, mediante la toma de medidas de cada componente y elemento de la obra hidráulica. Posteriormente, como parte del trabajo autónomo, utilizan esos datos para modelar el funcionamiento hidráulico de la obra, calculando velocidades, caudales captados, pérdidas de carga y comportamiento del nudo de captación.
Esta práctica (un ejemplo de STEM aplicado con propósito) permite a los estudiantes conectar lo aprendido en clase con la realidad. Como lo revela una encuesta aplicada a estudiantes del sexto semestre o superior, el 87 % consideró la experiencia como “muy positiva y significativa” para asimilar los conocimientos técnicos en un contexto real. El 13% restante la calificó como “positiva”. Estos resultados confirman que integrar teoría, campo y acción ambiental no solo fortalece el aprendizaje, sino que también motiva a los futuros ingenieros a ver su profesión con mayor sentido social y ambiental.
La clase práctica conecta directamente con los principios del STEM (Science, Technology, Engineering, and Mathematics), pero con una diferencia esencial, que no se limita a la aplicación de fórmulas o diseños, sino que integra la responsabilidad 53 ambiental como parte del aprendizaje.
| La reforestación como acto de ingeniería sostenible
Tras la visita técnica, los estudiantes realizan una jornada de reforestación como parte de una acción de restauración ecológica en áreas aledañas y tributarias de la cuenca. Cada estudiante planta entre 3 y 5 árboles nativos, donados por los viveros del GAD Municipal y Provincial de Loja, gracias a alianzas institucionales consolidadas durante más de dos décadas.
Las especies adjudicadas para estas actividades son propias del bosque montano surandino, especialmente adaptadas a las condiciones de las cuencas intervenidas. Entre ellas destacan el aliso (Alnus acuminata), el cedro (Cedrela odorata), la chilca (Baccharis latifolia) y el arrayán colorado (Myrcianthes leucoxyla), entre muchas otras especies, todas con alta capacidad de retención de humedad y resistencia a condiciones adversas.
Durante la siembra, técnicos del área ambiental de las instituciones aliadas brindan instrucciones sobre profundidad del hoyo, distancia entre plantas, riego inicial y mantenimiento. Esta intervención no solo aumenta las probabilidades de supervivencia de las plantas, sino que refuerza el vínculo entre ciencia, comunidad y naturaleza, donde cada estudiante es un agente activo de sostenibilidad.
| Resultados del aprendizaje
Esta experiencia no solo fortalece competencias técnicas, sino que transforma la visión profesional de los estudiantes. Según resultados de encuestas aplicadas en 2025, el 98 % consideró que la reforestación modificó o reforzó su visión sobre el rol del ingeniero civil en la gestión sostenible de los recursos hídricos y el medio ambiente.
La mayoría de los encuestados tenía entre 20 y 25 años, con una representación mayoritaria de estudiantes varones (76 %) y un 24 % de mujeres. Este perfil refleja la composición actual del curso de Ingeniería Hidráulica, aunque también subraya la necesidad de seguir promoviendo la equidad de género en espacios de formación práctica
(STEM). Ver Figura 1.
El 90 % indicó que fue su primera vez participando en una actividad de reforestación organizada por la universidad.
El 79 % valoró con 5 puntos (extremadamente importante) la inclusión de actividades de camaradería y trabajo en equipo en el currículo, mientras que el 21 % restante calificó con 4 puntos (importante), confirmando que esta dimensión es percibida como esencial para su desarrollo profesional.
El 90% consideró que la reforestación modificó o reforzó su percepción sobre el rol del profesional en la gestión sostenible de los recursos hídricos y el medio ambiente. Como lo expresó un estudiante: “Siempre debemos ver por nuestro planeta”, mientras que otro afirmó: “La ingeniería no solo construye, también protege”.
Desde el punto de vista técnico, los estudiantes destacan que las habilidades más valiosas adquiridas durante el curso y la visita a la captación El Carmen se centran en la aplicación práctica de conceptos teóricos, especialmente en el diseño, análisis y funcionamiento de obras hidráulicas. Resaltan el cálculo y dimensionamiento de caudales, el reconocimiento de estructuras como azudes, rejillas laterales, desarenadores y cámaras de carga, y la comprensión de cómo estos elementos trabajan en conjunto para garantizar un abastecimiento eficiente de agua potable.
Asimismo, valoran haber podido observar en campo el comportamiento del flujo en canales abiertos, identificar problemas reales como la acumulación de sedimentos y analizar el impacto del mantenimiento en la vida útil de las obras. Esta experiencia les permitió vincular directamente la teoría con la práctica, reforzando su capacidad para tomar decisiones técnicas informadas en futuros proyectos hidráulicos.
Como señaló uno de los participantes: “Esta experiencia integradora me ayudó a relacionar teoría y práctica, y a desarrollar un enfoque más técnico y responsable frente a los retos que implica la gestión del recurso hídrico”.
Nota: Datos obtenidos de encuesta aplicada a estudiantes de Ingeniería Civil, UTPL, julio de 2025.
Desde el punto de vista técnico, los estudiantes destacan que las habilidades más valiosas adquiridas durante el curso y la visita a la captación “El Carmen” se centran en la aplicación práctica de conceptos teóricos, especialmente en el diseño, análisis y funcionamiento de obras hidráulicas.
La verdadera sostenibilidad de los proyectos ambientales depende de la participación sustantiva de las comunidades. Nuestra iniciativa no impone soluciones desde fuera; las construye junto con quienes habitan el territorio, con sentido de pertenencia y responsabilidad compartida.
Además, como parte del proyecto, se desarrollan semestralmente actividades en ancianatos, casas de enfermos terminales, albergues infantiles y otros centros de cuidado, donde estudiantes de ingeniería civil, geología y arquitectura participan en jornadas de convivencia y colaboración activa. Estas acciones no solo fomentan la inclusión social, sino que también fortalecen el sentido de responsabilidad ciudadana, promoviendo una formación integral que va más allá del aula. Tal como se plantea en el proyecto (Benavides, 2024), estas intervenciones buscan conectar a los jóvenes con su entorno, desarrollar habilidades de participación comunitaria y reforzar el vínculo entre sostenibilidad ambiental y bienestar social.
| Conclusión
En la UTPL consideramos que un profesional, ya sea ingeniero civil, geólogo o arquitecto, no debe ser solo un diseñador de infraestructuras, sino también un gestor responsable de los recursos naturales y un agente de cambio social. Esta jornada académica es un ejemplo vivo de cómo el STEM con sentido puede transformar la educación superior: no se trata solo de aplicar fórmulas o diseñar estructuras confiables, sino de integrar ciencia, técnica y conciencia ambiental en una experiencia formativa que trasciende el aula.
Como lo expresó un estudiante: “Todas las actividades son entretenidas y bien estructuradas, lo cual hace que aprendamos de forma interactiva”. Esa es la esencia de nuestra propuesta: transformar el conocimiento en acción, y la acción en esperanza.
Además, esta experiencia refuerza nuestro compromiso con una formación integral e inclusiva. Aunque aún la mayoría de los participantes son hombres, el 24 % de las encuestas fueron respondidas por mujeres, lo cual refleja un avance en la participación femenina en áreas tradicionalmente masculinizadas. Seguimos trabajando para fomentar la equidad de género en espacios STEM, promoviendo que más mujeres se sientan protagonistas de la ingeniería civil, la ingeniería hidráulica, la geología y la arquitectura.
Y mientras cada estudiante planta un árbol, también siembra valores: responsabilidad, solidaridad y respeto por la vida. Porque al final, la mejor infraestructura que podemos construir no es solo un puente o una planta de tratamiento, sino un futuro sostenible, justo y regenerativo.
…Todas las actividades son entretenidas y bien estructuradas, lo cual hace que aprendamos de forma interactiva”. Esa es la esencia de nuestra propuesta: transformar el conocimiento en acción, y la acción en esperanza.
| Limitaciones del proyecto
Aunque cada jornada de reforestación se realiza con técnicas adecuadas y bajo la guía de técnicos ambientales delegados por las instituciones participantes, actualmente no se cuenta con un protocolo estandarizado de monitoreo post-plantación a mediano o largo plazo (12, 24 o más meses). Este vacío dificulta evaluar con precisión la tasa real de supervivencia, el crecimiento y la resiliencia de las especies nativas sembradas, especialmente tras eventos críticos como los incendios forestales que han afectado en múltiples ocasiones las zonas intervenidas.
El seguimiento que se realiza es principalmente visual y ocasional, especialmente después de episodios críticos. En esas oportunidades, docentes y estudiantes evalúan in situ qué plantas “han prendido” o sobrevivido y en qué áreas se ha perdido cobertura vegetal, planificando una replantación focalizada durante la siguiente jornada académica.
Si bien esta acción reactiva permite recuperar parte del esfuerzo, no sustituye una herramienta sistemática de evaluación que incluya registros georreferenciados, mediciones periódicas y análisis de factores que inciden en la supervivencia. Establecer un protocolo de monitoreo ecológico sería un paso muy importante para garantizar la sostenibilidad a largo plazo de las intervenciones.
El proyecto depende completamente de la donación de especies por parte del GAD Municipal y Provincial. Esta condición, aunque fortalece alianzas institucionales, puede generar inestabilidad si se producen cambios en las políticas públicas o en la disponibilidad de plantas nativas en los viveros.
Por razones logísticas y presupuestarias, las actividades se limitan a cuencas del entorno lojano (Cajanuma, El Carmen, San Simón, Pizarros, Jipiro, entre otras). No ha sido posible extenderlas a zonas más alejadas con alta degradación hídrica, como parroquias de frontera o áreas de difícil acceso.
Aunque participan estudiantes de Ingeniería Civil, Geología y Arquitectura, aún no se ha consolidado un trabajo curricular conjunto entre carreras que permita abordar la gestión de cuencas desde múltiples miradas (estructural, paisajística, ecológica, económica y social).